miércoles, 31 de octubre de 2007

PARANINFO DE LA UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES. ENTREGA DEL PREMIO CERVANTES 2006 A ANTONIO GAMONEDA

HISTORIAL DEPORTIVO DE BLAS DE 1997 A 2004


CESA. BLAS GARCÍA MARÍN. AÑO 1997

MARI LLANOS ENTRE DOS MASAIS. AFRICA. ZANZIBAR. OCTUBRE 2007

BEGOÑA COGOLLUDO Y BLAS. VALLEHERMOSO. AÑO 1998

JOSÉ LUIS GARCÍA Y BLAS. CASA DE CAMPO. 17/12/1967

domingo, 28 de octubre de 2007

EL MALESTAR EN LA CULTURA




de FREUD, SIGMUND

BROOKLYN FOLLIES




de AUSTER, PAUL

ENSAYOS




de EMERSON, RALPH WALDO

EL VIZCONDE DEMEDIADO




de CALVINO, ITALO

MADAME BOVARY




de FLAUBERT, GUSTAVE

SEDA




de BARICCO, ALESSANDRO

EL ÚLTIMO ENCUENTRO



de MARAI, SANDOR

EL PRINCIPITO




de SAINT-EXUPERY, ANTOINE DE

miércoles, 24 de octubre de 2007

10. Fotografías que guardáis como pequeños tesoros

Yo llevaba casi cuatro meses entrenando y tenía muchas ganas de competir. Creía que ya había conseguido suficiente forma física para medir mis fuerzas con los atletas de la capital.

Así es que le propuse a mi entrenador participar, el día 31 de diciembre de 1965, en la segunda edición de la San Silvestre Vallecana.

Tomé la salida en debutantes, una categoría que no se programa actualmente. Esta prueba estaba reservada a todos aquellos corredores que nunca habían tenido ficha deportiva.

En cuanto el juez de salida apretó el gatillo salí como una flecha, como si fuera una carrera de cien metros. Volví la cabeza y observé que no me seguía nadie. Todos mis rivales se habían quedado muy lejos.

Enseguida empecé a sentir en las piernas los efectos de mi atrevimiento. Bajé el ritmo, hasta ir poco más que andando. Mis perseguidores me alcanzaron y me pasaron. Al final, haciendo un gran esfuerzo, conseguí ser segundo.

Me acababa de dar una gran paliza, fue muy impetuosa mi forma de correr aquella noche. Aprendí que no debería haber corrido tan alocado. Descubrí que la energía tenía que dosificarla.

El comportamiento que tuve, de salir tan rápido, lo repetí más veces en mi vida deportiva, pero fui cogiendo veteranía que me valdría para afrontar retos más difíciles. Yo tenía entonces dieciocho años, y ninguna experiencia.

Al día siguiente en el periódico Madrid publicaron los resultados de la carrera. Sentí mucha alegría al ver mi nombre y mi apellido impreso en letra negrilla.

La categoría absoluta la ganó Jesús Hurtado, del Real Madrid.

Recordar, restituir la memoria de lo que un día, hace ya muchos años, se fijó en mí, me está resultando de gran contento.

Desde esta página quiero haceros un llamamiento, a todos los que habéis estado o estáis en el club Atlético Getafe.

Que abráis vuestros álbumes y me enviéis aquellas fotografías que guardáis como pequeños tesoros, para que podamos volver a vivir aquellos momentos felices que tuvimos, y también se los hagamos vivir a nuestros amigos; que a mi me parecen tan lejanos en el tiempo pero muy cercanos en nuestro recuerdo.

ALMUDENA GARCÍA PABLOS. SAN ISIDRO. AÑO 1997

miércoles, 17 de octubre de 2007

9. El Cerro ha sido y es un lugar de entrenamiento emblemático

Aquel sábado del año 1966 parece que por fin se iba a cumplir uno de los deseos que yo tenía y que más me ilusionaba: conocer El Cerro de los Ángeles.

Fuimos andando por un paseo paralelo a la Base Aérea, que nos llevaba a la Estación Larga, o de Alicante, que así la llamaban. La carretera estaba cubierta de adoquines.

Los automóviles que circulaban aquella mañana no eran muy numerosos. Tenían que detenerse un buen rato en el paso a nivel con barreras que había junto a CASA, esperando a que pasara el tren. Nosotros, los peatones, cruzábamos las vías con mucho cuidado.

Atravesar la carretera de Andalucía no nos supuso mucha dificultad.

Cuando llegué al Cerro, pude comprobar que los vehículos aparcaban a ambos lados de la carretera que subía a la Ermita, donde moraba la imagen de la Virgen de Los Ángeles.

Los pinos no estaban muy crecidos, y todo el perímetro lo protegía una alambrada que impedía el paso.

Años más tarde me contó Manolo Solís, que la última repoblación del pinar se hizo a principios de los años cincuenta y que él y sus amigos participaron muy activamente en la plantación.

El Cerro ha sido y es un lugar de entrenamiento emblemático para todos los atletas de Getafe.

Durante más de cuatro décadas hemos disfrutado de un pulmón de oxigeno excepcional, que nos ha permitido, en un entorno maravilloso, conseguir la forma necesaria para poder competir en multitud de pruebas, tanto a nivel local, como provincial, nacional o internacional.

Conocí a un grupo de jóvenes que se tomaban el atletismo muy en serio. Jesús Fernández Vieira, Jesús Coronel Franco y Román Morales Soto. Ellos serian unos años más tarde los que me apoyarían en la idea de fundar el club Atlético Getafe.

Pocos días después de mi primera visita al Cerro empezamos a ir a entrenar. Quedábamos a las seis de la tarde, después de salir del trabajo.

Tuvimos que hacer una abertura en la alambrada, para poder introducir la moto que yo llevaba, una Lambreta, y las bicicletas de mis amigos.

Han pasado más de cuarenta años desde aquella primera visita al Cerro de los Ángeles. Cuando me encuentro con algunos de mis compañeros de entonces, que todavía siguen corriendo, advierto en sus caras las marcas de la edad, pero todavía conservan la envergadura ligera y enjuta de alguien mucho más joven.

Tuvimos que buscar caminos por donde pudiéramos transitar sin que peligrara nuestra integridad física.

Un fino velo de melancolía soñadora, una espesa niebla sentimental, de emociones secretas se está apoderando hoy de mí…

El contacto con la naturaleza potenció nuestras capacidades. Nos encaminó al descubrimiento de unos sólidos y bien estructurados impulsos reflexivos que todavía hoy permanecen, y que el paso del tiempo no ha sido capaz de borrar.

La naturaleza me encanta, es el último refugio y al estar en contacto con ella conseguimos equilibrio y vigor.

Lo lamentable es que en este mundo globalizado apenas se le preste atención.

Marino Hernández Hernández, realizó en INEF, el 09/05/1976, en la prueba de 400 metros lisos, un tiempo de 53.3.

martes, 16 de octubre de 2007

Muchas felicidades Juanjo

Juan José Millás es para mí un excelente escritor, al que quiero felicitar hoy.
Abandonar tu pueblo para buscar nuevos horizontes, es algo que nos ha pasado a muchos españoles.Yo salí de Fuente Álamo (Albacete), el 02/09/1965 y mis recuerdos me han acompañado hasta hoy. Muchas felicidades Juanjo.

miércoles, 10 de octubre de 2007

8. Éramos jóvenes que andábamos buscando algo más

José García Fernández (el señor García), era una persona muy influyente en CASA. Era el hombre de confianza del INI. Tenía, en la empresa, más poder que el director y entre sus aficiones se encontraba una gran pasión por el atletismo.

El responsable del deporte era José Mingo Guerrero (Mingo), que también estaba muy interesado en cuidar la imagen atlética de los alumnos de la Escuela de Aprendices, a los que daba clases de gimnasia y hacía correr todos los días.

Al iniciar mi actividad laboral en CASA cerca de estas dos personas (el señor García y Mingo), se me facilitó durante algún tiempo la posibilidad de poder acudir a entrenar durante mi jornada de trabajo, a las instalaciones deportivas donde asistían a dar sus clases los jóvenes aprendices.

Todos los días a las 10,30 me ausentaba del trabajo, me iba a entrenar y volvía a la oficina a las 11,30. Como el “manda más” me lo permitía y aunque a mis jefes no les parecía bien no les quedaba más remedio que aceptarlo, en contra de su voluntad; que era que yo me quedase trabajando.

La pista de atletismo, donde entrenábamos, estaba cubierta de carbonilla, se corría con bastante dificultad y mientras no te caías todo iba bien. Pero si tenías la mala suerte de dar con tus huesos en el suelo, que no era nada raro, debido a las irregularidades del terreno, ya podías estar contento si no salías despellejado por el contacto con el cisco.

El entrenamiento consistía en dar vueltas a la pista y a las canteras, que así se denominaba el terreno donde se encontraba la zona deportiva.

Las canteras estaban siempre con agua de lluvia, que no desaparecía en todo el año.

Recuerdo que hice un descubrimiento que me llamó mucho la atención. Fue ver corriendo por la pista a un chico de unos quince años, con una piedra que sujetaba con las manos a la altura del pecho.

Este método lo utilizaba el profesor para corregir la tendencia que tenía el joven a correr inclinándose hacía atrás. Era un procedimiento de entrenar surrealista que había que acatar, ya que por entonces no se podía protestar, y además parece que no le debía ir muy mal, debido a lo mucho que corría Jesús Coronel, cuando no llevaba la piedra en las manos. Tenía excelentes facultades físicas.

Ante mis ojos van desfilando como excelentes retratos, los nombres de una serie de personas empeñadas en intentar descubrir y desvelar como debería ser un ser humano libre. Éramos jóvenes que andábamos buscando algo más. Nos unía nuestro amor al atletismo.

Tuvimos que enfrentarnos contra la indiferencia e incomprensión de la sociedad española de los años sesenta y setenta. Nos llamaban locos. Que nos fuéramos a trabajar y nos dejáramos de tanto correr. Las personas que nos criticaban, ignoraban que para nosotros el correr era una actividad lúdica, que realizábamos al margen de nuestra jornada laboral, y que aquellos chiflados, como nos calificaban, ya habían realizado aquel día un trabajo de al menos ocho horas.

Yo creía que la dureza, la intolerancia y la intransigencia con la que nos trataba aquella sociedad y las dudas y las sombras que se abatían sobre nosotros los atletas, si perseverábamos nos traerían la luz suficiente para encontrar el camino donde podríamos dar rienda suelta a nuestras ilusiones.

martes, 2 de octubre de 2007

7. Podíamos correr descalzos por la hierba

Fernández fue mi primer entrenador, si bien es cierto que durante muy poco tiempo. Él me dio el primer plan de entrenamiento escrito que tuve, el cual me pareció un regalo muy apreciado. Tuve muchas dificultades para poder realizar los tiempos tan exagerados que me había marcado. Las recuperaciones eran muy cortas y la intensidad de ejecución muy grande para un joven con unas facultades físicas como las mías. Enseguida me di cuenta de que no podría cumplirlo.
Me encanta entrenar, cuando corro experimento momentos de bienestar, alegría, júbilo, sobrecogimiento como quien escucha una buena pieza de música. El correr ha sido y es para mí una pasión que no ha envejecido con el paso del tiempo.
Yo era un chico bastante delgado y mi madre consideró que tendría que comer mucho para poder aguantar el ritmo de vida que llevaba: el trabajo diario y el entrenamiento intensivo a que me estaba sometiendo.
Habíamos traído almendras de Fuente Álamo, que mi padre partía en una piedra con un martillo.
Así es que yo empezaba las mañanas con un buen plato de almendras rociadas con abundante miel. Que recuerdos más agradables tengo todavía de aquellos ricos desayunos.
Por las noches cuando me iba a dormir también era costumbre tomar lo que llamaban “un ponche”, que era un huevo batido con leche y azúcar. Este no me gustaba nada.
Mi primer contacto con una pista de atletismo en Madrid, fue en las instalaciones del SEU de la Ciudad Universitaria. Esta tenía 300 metros de cuerda.
Fuimos con el deseo de realizar un buen entrenamiento en una pista de ceniza, sobre una distancia bien medida. En aquel escenario competiría yo bastantes veces en los años siguientes.
Guillermo Ferrero, entrenador del club Maratón, estuvo observando mi entrenamiento y recuerdo que se me acercó y me dijo que estaba entrenando demasiado fuerte, que lo que yo estaba haciendo no había cuerpo que lo aguantara.
Efectivamente, enseguida tuve que dejarlo y no pude acabar aquella paliza tan descomunal que me estaba dando.
Tenía que intentar hacer lo que mi entrenador me había dicho. Yo, por entonces, no tenía ningún conocimiento de atletismo y creo, que Pedro consideró que el entrenamiento que hacía a mi me vendría bien. Creo que él sobre valoraba mis facultades.
El césped de la parte interior de la pista era una delicia. Podíamos correr descalzos por la hierba. Todos lo hacíamos. Estaba muy cuidado por Teodoro, que era el encargado de las Instalaciones.
En aquella pista conocí a Juan García Vicente y a Santiago Mora Ávila, del club Perelada.
Juan, con su personalidad carismática y sus ojos penetrantes, me propuso que fichara por ellos. En la temporada siguiente firmé por el club de Paco Perela.
Cuando volví a mi casa, entré en solemne meditación, recordaba todo lo que me había pasado y las múltiples experiencias que había tenido. Una poderosa lucha interior hizo que me cuestionara si me encontraba en el camino correcto y con las personas adecuadas. Sin embargo, para entonces, ya había dado mis primeros pasos en el atletismo madrileño, y una nueva etapa llena de ilusión y esperanza acababa de surgir en mi vida.
Juana Pablos Acosta (Juana), corrió los 42 kilómetros y 195 metros de la Maratón de Londres en 2 horas 50 minutos y 41 segundos, el 20/04/1986.