jueves, 16 de octubre de 2008

1986. ANÁLISIS DE UN REGISTRO INVEROSÍMIL. Las 41 zancadas de Usain Bolt. Los primeros 30 metros fueron los más veloces jamás logrados durante la...


Sobrado Bolt (tercero por la derecha) se deja ir antes de cruzar la meta en la final de los 100 metros en Pekín, el pasado 16 de agosto. Foto: REUTERS / DAVID GRAY
  1. El campeón olímpico de los 100 metros de Pekín alcanzó los 43,902 km/h y los mantuvo 30 metros, el tramo más prodigioso jamás recorrido
  2. Los expertos no tienen respuestas científicas para explicar el esprint del jamaicano
Usain Bolt

MARTÍ PERARNAU
MADRID

No solo batió el récord mundial (9.69 segundos) confirmándose como el hombre más rápido del mundo en el hectómetro y sembró la estupefacción por su modo de celebrar el éxito durante la carrera, preludio de una trilogía fantástica. Usain Bolt logró más cosas en los 100 metros de Pekín: igualó la velocidad máxima jamás alcanzada por un hombre (43,902 km/h), la mantuvo durante más metros como nadie había hecho antes, pulverizó virtualmente el récord mundial de los 50 y los 60 metros, y recorrió los últimos 50 en un tiempo estratosférico (4.19 segundos) pese a su desquiciante celebración.
Desde Barcelona-92 no hay mediciones oficiales de los tiempos parciales de las finales olímpicas porque nadie quiere pagar ese coste, lo que ha retardado el análisis definitivo de las 41,25 zancadas de Bolt, cuya radiografía final podemos establecer gracias a las mediciones con vídeo de alta resolución del americano Jimson Lee (Speedendurance.com).

Fuerza descomunal
Esa radiografía muestra que los primeros 30 metros de Bolt fueron los más veloces jamás logrados durante la conquista de un récord mundial. No irguió el tronco hasta la zancada número 13 (25 metros) y cruzó los 30 en 3,78 segundos, demostrando una capacidad de aceleración fantástica, fruto de una fuerza explosiva descomunal. La aceleración es la fase esencial en una carrera de velocidad. La televisión ha distorsionado la realidad y pretende hacer creer que el tiempo de reacción al disparo es relevante, pero no es así: apenas significa un 1% del resultado final frente al 64% de la fase de aceleración. Lo que ocurre es que el tiempo de reacción es el único dato que los organizadores dan a los periodistas y por eso únicamente se habla de esa cifra que solo resulta relevante si es inferior a las 100 milésimas (salida nula) o superior a las 200 (salida catastrófica).
La carrera de 100 metros se divide en tres fases: aceleración (hasta los 50-60 metros), velocidad máxima (50 a 70-80) y desaceleración. Su importancia relativa en el crono se ha medido, respectivamente, en el 64%, 18% y 12%. Un velocista de élite acelera durante un mínimo de 50 metros y alcanza su velocidad punta entre los 50 y 60 metros. Así ocurrió en la final de Seúl-88, donde Ben Johnson y Carl Lewis alcanzaron los 43,373 km/h en ese tramo y desde entonces todos los grandes esprínteres lograron igualar esa cifra: Donovan Bailey, en 1996; Mo Greene, en 1999; Tim Montgomery, en el 2002, y Asafa Powell, en el 2007.

Carrera sin viento
Esta coincidencia conduce a otra: el tiempo de paso habitual por los 50 metros ronda los 5.50 segundos, crono que logró Johnson en Seúl-88, igualó Greene en Edmonton-01 y superó Powell en Rieti-07 al pasar en 5,49, pero todos con viento favorable. En Pekín, Bolt también cruzó en 5,50, pero allí el viento fue totalmente nulo, lo que revaloriza ese registro, superior al récord mundial indoor de Donovan Bailey (5,56).
La diferencia es que Bolt siguió acelerando y recorrió el tramo entre los 50 y 60 metros a 43,902 km/h, velocidad promedio que antes sólo había logrado Mo Greene, por tres veces: en Roma-99, Berlín-00 y Sídney-00. En las tres ocasiones, cubrió el tramo en 82 centésimas, un tiempo prodigioso pero considerado insostenible porque el problema no es lograr un instante de velocidad punta, sino mantenerla el mayor tiempo posible.

30
metros prodigiosos
Hasta Pekín, lo habitual era sostener la velocidad máxima durante 10 metros, quizá 15 o, estirando mucho, 20 metros. Ya en el 2007, Powell logró un prodigio el día que consiguió 9,74 en Rieti, pues logró recorrer hasta 30 metros a 43,373 km/h, algo sorprendente, aunque a partir de ahí (80 metros) reventó.
En Pekín, Bolt rompió todas las convenciones científicas, pues no sólo alcanzó los 43,902 km/h, sino que los mantuvo entre los 50 y los 80 metros sin la menor mengua, en lo que puede considerarse como el tramo más prodigioso de la velocidad mundial de siempre: 30 metros recorridos en sólo 2,46 segundos. Esa fue la clave de su récord. Sus espectaculares celebraciones a partir de los 73 metros (zancada número 32), no le impidieron correr el tramo de los 80 a los 90 a 43,373 km/h, algo inaudito, e incluso los últimos 10 metros a 40 km/h exactos pese a frenarse.
No hay respuestas científicas al prodigio. Jesús Dapena, considerado el mejor biomecánico del mundo, profesor del departamento de Kinesiología de la Universidad de Indiana, certifica su perplejidad: "No tengo ninguna idea de lo que permite a este hombre ejecutar tales movimientos, ni creo que haya nadie serio que realmente lo sepa". Las explicaciones de Dapena son más sencillas de lo que deseábamos: "Simplemente, este hombre tiene una musculatura de mejor calidad que la de sus rivales". La perplejidad también llega a Carlo Vittori, el gran gurú de la velocidad europea: "Si sólo hubiera aparecido él, diríamos que estamos frente a un hecho extraordinario, un genio, que lo es. Pero la perplejidad viene por el resto de jamaicanos. Y, sobre todo, por las chicas: no son fenómenos físicos como Bolt y lo ganaron todo. Estamos perplejos".

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