jueves, 24 de abril de 2008

El infierno está en Pekín. La maratón de los próximos Juegos Olímpicos contribuirá a agrandar la épica de los 42.195 metros.


Pekín malvive bajo una nube de polución que lo invade todo.

Conforme a la épica de esta distancia, los maratonianos tienen por delante un gran desafío: correr en los Juegos Olímpicos de Pekín, enfrentándose a un dragón de fuego que emite CO2 y otros gases innombrables. Al primer maratoniano de la historia, un soldado ateniense que murió tras el esfuerzo, le sobró valor y armadura, y quizás le faltó agua y entrenamiento. Pero su acto permanece fresco en la memoria de los humanos 23 siglos después.

Un simulacro de esta tragedia griega se repite cada vez que las condiciones de las maratones olímpicos vuelven a ser extremas, aunque afortunadamente no de forma tan dramática. La última vez sucedió en Atenas’04 y fue inmortalizada por Paula Radcliffe, retirada en la llanura de Maratón, un valle de lágrimas para la plusmarquista universal. El ganador masculino fue un italiano llamado Stefano Baldini, que bailó de alegría en la meta tras una carrera gestionada a base de ‘catenaccio’, de contención de ritmos.

Los ganadores de las maratones más infernales –por sus condiciones ambientales– no partían como favoritos; además, eran atletas semidesconocidos ahsta entonces o veteranos de 37 años, la mayoría con marcas discretas. Sucedió en Los Angeles’84, en Barcelona’92, en Atlanta’96 y en Atenas ‘04, en ciudades calurosas, húmedas y contaminadas en mayor o menor medida.

El ‘recordman’ mundial, Haile Gebrselassie, ha aducido problemas respiratorios para no correr el maratón olímpico. En septiembre lo hará bajo los tilos de Berlín, en donde le espera un cheque millonario. Pero aun sin el astro etíope, la competencia en Pekín será feroz y a la cita del próximo agosto en la Plaza de Tiananmen (salida de la maratón femenina y masculina) llegan casi todos con los deberes hechos, con las zapatillas de entrenamiento deformadas cada 45 días, con un colchón nuevo y un detergente suave para lavar la camiseta. No se aprende a respirar aire muy polucionado, pero sí a estar preparado para soportar las adversidades de un infierno de 42 kilómetros y 195 metros, un tópico que se hace realidad en el kilómetro 35 y a veces antes.

Alcanzar la gloria olímpica en la maratón no es fácil: además de soldado hay que ser monje. El centenar de atletas que en este momento preparan la gran cita con el asfalto chino mortifican su cuerpo y su espíritu pensando en la gloria venidera, como los ascetas del Renacimiento español. Su preparación incluye tiradas de kilómetros largas y duras, que los puristas denominan trabajo agonístico, un eufemismo que equilibra el debate entre lo que el cuerpo pide y lo que la mente otorga. Sus constantes vitales son controladas casi cada día por especialistas que manejan la más alta tecnología y conocimientos sobre del rendimiento deportivo.

Esto les globaliza, aunque desvirtúe un poco su estilo de vida monacal, sobrio y austero, imprescindible para poder asimilar las grandes cargas de entrenamiento a las que se someten. El éxito final será para quienes mejor sepan gestionar el ahorro de combustible y agua, evitar el calentamiento e ignorar al dragón chino que echa humo.
Barcelona’92 y las condiciones extremas

La maratón de Barcelona’92 se disputó en condiciones extremas y tuvo dos vencedores semidesconocidos que ganaron con marcas horribles. El surcoreano Hwang Young-Cho se impuso en hombres con 2h:13.23, la peor marca desde México’68. Y Valentina Yegorova, del equipo unificado, lo hizo con 2h:32.41, el peor registro olímpico de la historia.

(publicado en sport.es)

ENLACE:

Gebrselassie: 'En los Juegos de Londres. EL ATLETA RATIFICÓ SU DECISIÓN DE NO PARTICIPAR EN LA CARRERA DE PEKÍN

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